¿Realmente saben lo que ven?

Según varios estudios europeos, la mayoría de adolescentes accede por primera vez a contenido pornográfico entre los 11 y 13 años. Este recurso ayuda a las familias a abordar este tema desde una educación emocional y afectiva, sin moralismos ni evasivas. Se incluyen orientaciones sobre cómo abrir una conversación respetuosa, validar la curiosidad natural y contrarrestar los mensajes erróneos que transmite el porno comercial.

También se comparten recursos como vídeos, artículos y campañas —como #PornoSinFiltros— que explican las diferencias entre ficción y realidad, consentimiento y respeto mutuo. El objetivo no es prohibir, sino acompañar y dotar de pensamiento crítico.

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